Me encantan los espacios de estética industrial porque la pátina de los objetos y muebles, sus texturas y matices, aportan personalidad a cualquier esquema decorativo. Si además son de viejo cuño, con el peso de la historia sobre sus superficies, tanto mejor.

El mobiliario industrial, proveniente de viejas fabricas, de comercios venidos a menos, en contra de lo que pudiera pensarse, aporta calidez. Eso sí, hay que saberlo combinar, emparejar adecuadamente, para que no cree el efecto contrario, la frialdad.

Un buen ejemplo de estética industrial bien entendida es el de esta preciosa cocina, que transmite calor, color y, sobre todo, mucha energía. ¿No os parece? La madera del suelo, de las vigas del techo, y del mostrador de comercio (usado aquí como superficie de apoyo), entre otras piezas, es una buena aliada de este tipo de decoración.

¡Me tiene enamorado!

Procedencia de las imágenes: Desire to Inspire

 
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