No es la primera vez que vemos viejas puertas recuperadas y reutilizadas como elemento decorativo (como cabecero de cama, como sobre de una mesa, etc.), pero lo que aquí nos ha llamado la atención es que son las absolutas protagonistas de este establecimiento.

En el restaurante Bon (en Bucarest), que desde fuera presenta toda la apariencia de un bistró francés, se han reutilizado más de 200 puertas (y también algunas ventanas) de derribo para el revestimiento de prácticamente la totalidad de sus paredes. Puertas de todos los tamaños, estilos y colores, con cuerterones, lisas, con cristales y sin ellos, que otorgan al espacio una atmósfera casi de irrealidad al mismo tiempo que lo dotan de una presencia y de una personalidad innegables.

Una verdadera decoración sostenible, mediante la que los arquitectos responsables del proyecto han querido preservar la memoria y el pasado de tantos y tantos edificios que, en los últimos años, están siendo demolidos en la capital rumana.

El resultado es espectacular. ¿Verdad?

Procedencia de las imágenes: Remodelista


 
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