Creo que ya lo he dicho en alguna ocasión, pero si no, lo digo ahora: una de las cosas que más aprecio cuando veo una publicación de decoración, tanto si es digital (blog, web...) como física (un libro, una revista), sobre todo si se trata de reportajes de casas, es que aparezcan en esas viviendas las personas que viven en ellas.

No me gustan las casas desprovistas de alma, pero menos las que no tienen almas, es decir, aquellas en las que parece que ha pasado por allí un batallón de limpieza y lo ha dejado todo impoluto, aséptico, y en las que no solo han acabado con cualquier rastro de polvo o de desorden, sino que han terminado también con cualquier resquicio de vida humana.

Me encanta ver a las personas que habitan las viviendas que admiro, ya que la decoración nos dice mucho de esas personas (podemos imaginar cuál es su profesión, qué cosas les gustan...) y las personas nos dan ciertas claves de los elementos decorativos que vemos. Es por ello que no me canso de visitar webs como The Socialité Family, a la cual pertenecen todas estas imágenes, porque en ella la decoración es tan importante como las personas.
 
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