No, no me marcho a vivir a Copenhague (aunque, la verdad, no me importaría), una ciudad preciosa, en la que he disfrutado muchísimo durante el pasado fin de semana (un poco más largo de lo normal). Era la segunda vez que la visitaba. La primera, estuve en un hotel pero en esta ocasión quería probar a alojarme en un apartamento particular, modalidad que ofrece, entre otras, la empresa Airbnb.

Se trata de casas, apartamentos, e incluso habitaciones (en todo el mundo), que son alquiladas por sus propietarios por días, semanas o temporadas más largas. Para muchos de ellos es su vivienda habitual, por lo que, durante la estancia del turista, los propietarios deben dajarla e irse a otro sitio. Es lo que ha sucedido con el apartamento que nosotros alquilamos a una joven pareja con una niña.

Me apetecía muchísimo, ya que es una manera de ver cómo viven realmente y, como podéis comprobar en las imágenes, la casa estaba tal y como ellos la dejaron hasta el momento en que nosotros llegamos. Se trata de un apartamento precioso, puro estilo nórdico, lleno de piezas reconocibles por todos los amantes de la decoración y del diseño: la DSR Chair de los Eames, la lámpara PH de Louis Poulsen, el contenedor Componibili de Kartell, etc. (todo ello original, ¡nada de imitaciones!), junto a piezas de Ikea y otros elementos vintage. Además, suelos de madera de pino pintados de planco, molduras en los techos..., vamos... ¡una gozada!

Me ha encantado la experiencia, que recomiendo a todo el mundo, y no es publicidad, ¡por lo menos, no pagada!

A partir de ahora, siempre será mi apartamento en Copenhague.

 
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